Blog EntryTambién los Dementes Saben de AmorNov 10, '07 4:17 PM
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También los dementes saben de amor

Nieves García

 

  Vallejo Nájera, en su libro "Concierto para Instrumentos Desafinados", nos cuenta el relato de Faustino, un esquizofrénico profundo en el hospital que dirigía:

 

       Faustino tenía, al igual que otros enfermos profundos, su "bolsa del tesoro": una bolsa que contenía todas sus pertenencias que él llevaba a todas partes. A diferencia de la bolsa del tesoro de otros enfermos, compuesta por toda clase de cachivaches, cartas, restos de comida, la bolsa de Faustino contenía exclusivamente un mango de paraguas y una foto con un marco.

 

Nadie estaba seguro de donde había sacado ni uno ni otra, y cuando le preguntaban por la foto el contestaba lacónicamente "madre". No estaba claro si el retrato realmente era una fotografía de su madre o era simplemente la foto que venía incorporada al marco, pero lo cierto es que Faustino la identificaba plenamente con su madre.

 

        La rutina de Faustino era todos los días la misma: se marchaba al jardín del hospital, se sentaba cerca de un árbol en el límite entre el sol y la sombra y extraía de su bolsa el retrato.

 

Lo miraba pausadamente, con cariño, lo besaba y posteriormente lo depositaba con sumo cuidado de nuevo en la bolsa. A continuación, sacaba el mango de paraguas y lo contemplaba a la luz del sol. Le daba vueltas y lo observaba desde todas las direcciones posibles, embelesado.

 

 En cierto modo, Faustino era plenamente feliz pues estaba totalmente entregado a estos dos objetos y amaba con todo su ser lo que poseía, y no necesitaba nada mas.

 

        En esa época llegó al hospital un niño de 15 años, Luís, retrasado mental. Luís no dejaba de llorar desde que llegó. Una tarde, Faustino rompe su rutina y se acerca a él, se sienta a su lado. Tras unos momentos de vacilación, Faustino abre su bolsa del tesoro y le enseña su mango del paraguas y ambos se quedan contemplando sus destellos de ámbar a la luz del sol. Al final, Luís intenta coger el mango pero Faustino rápidamente lo esconde: todo tiene su límite.

 

        Con el tiempo, llegan a convertirse en grandes amigos, quedándose todas las tardes a contemplar el manguito de paraguas a la luz del crepúsculo. Pasado un tiempo, sin embargo, Luís comienza a aburrirse y la relación se enfría. Entonces, un día, los parientes acuden al hospital a ver a Luís. Su madre ha muerto. Faustino se acerca lentamente y pregunta qué ocurre. "Ha perdido a su madre", le contestan.

 

        El último párrafo de la historia merece ser reproducido literalmente tal como lo cuenta el propio Vallejo Nájera:

 

"El esquizofrénico queda perplejo. Acaricia a Luís. Luego silencio. Al fin, un arranque aparentemente trivial, de los que pasan inadvertidos en la tierra, pero que retumban en las bóvedas del cielo como el tronar de mil cañones: Faustino regala a Luís el mango del paraguas. El niño lo acepta y sigue llorando. Entonces, Faustino, con un gesto dolorido como quien separa los bordes de una herida, abre lentamente, muy lentamente, la bolsa y le entrega el retrato de su madre".

 

        ¿A dónde vamos con una anécdota tan detallada?

Actualmente está en boga la afirmación de que todo el comportamiento humano depende del funcionamiento cerebral. La neurociencia se esfuerza por llenar los titulares de los periódicos con lemas como “La química del amor” o “Se ha descubierto al sustancia que provoca el sentimiento de culpa”.

 

Pero estos autores suelen reducir implícita o explícitamente el ámbito de los fenómenos mentales casi exclusivamente a lo cognitivo, dejando completamente la dimensión afectiva fuera de la vida mental, como si lo único importante de explicar fuera el proceso inteligente.

 

Realmente se entiende que no se investigue más el comportamiento ético del ser humano desde el supuesto materialista, porque sería difícil entender como Faustino, un esquizofrénico –sujeto que padece un trastorno fundamental de la personalidad, una distorsión seria del pensamiento -  es capaz de un acto ético, que nos llena de admiración. ¿Será que el ser humano actúa por algo más que por los estímulos de una compleja organización de neuronas?

 

Tratar de enjaular el espíritu humano tras los barrotes de química neuronal es un intento tan inútil como atrapar el viento con un cazamariposas.

 

        El ser humano, a pesar de sus disfunciones en muchos aspectos, es siempre digno y valioso en sí mismo; quizás no tanto por lo que él pueda hacer sino porque siempre será “un ser amable por sí mismo”. Mientras exista un solo hombre o mujer como Faustino, en la tierra, la dignidad humana está salvada, porque demostrará a los otros que son dignos de su amor, lo más grande que posee.



vefers wrote on Nov 14, '07, edited on Nov 14, '07
NO ME SORPRENDE EN ABSOLUTO ESTE HERMOSO RELATO, ME HA PASADO QUE TRABAJANDO CON CHICOS DISCAPACITADOS MENTALES ( DE 18 AÑOS EN ADELANTE), HE LOGRADO SITUACIONES Y RESPUESTAS INCREIBLES.
UNA VEZ LLEGO AL TALLER UN JOVEN DE 25 AÑOS QUE DEBIDO A LA MUERTE DE SU PADRE, ENTRO EN UNA PROFUNDA DEPRESIÓN QUE LO TRANSFORMO EN ESQUIZOFRENICO, A PESAR DE SER MUY INTELIGENTE Y TENER ESTUDIOS SECUNDARIOS. ESTE ESTADO LO LLEVO A DEJAR DE COMUNICARSE CON LAS PERSONAS. NO HABLABA, ESTABA SIEMPRE CABIZBAJO, ENCERRADO EN SI MISMO.
MI PACIENCIA Y DEMOSTRACION DE CARÑO E INTERES HACIA EL, HIZO QUE CAMBIARA ROTUNDAMENTE, CONVIRTIENDOSE EN UNA PERSONA CASI NORMAL, A PESAR DE QUE SU CERTIFICADO DE DISCAPACIDAD LO DECLARA PERMANENTE. ACTUALMENTE TIENE UN TRABAJO CONVENCIONAL Y ESTA VIVIENDO EN GUALEGUAYCHU, ENTRE RIOS.
PERIODICAMENTE ME ENVIA MENSAJES DE TEXTO CON SALUDOS Y NOVEDADES.
OTRA PERSONA ESQUIZOFRENICA, JOHN NASH, FUE MUNDIALMENTE RECONOCIDO AL GANAR UN PREMIO NOBEL DE ECONOMIA A PESAR DE SU ENFERMEDAD. UNA PELICULA REFLEJA SU HISTORIA.
MUCHOS TIENEN MIEDO DE ESTAS PERSONAS Y NO SE DAN CUENTA QUE SON LOS QUE MAS PURO TIENEN SU CORAZON...
SALUDOS DE LUZ, VIVIANA
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