
"Una Historia del Camino"
Las cuatro jaulas
En un lugar alejado un caminante transita su ruta, a lo lejos divisa cuatro jaulas de madera delgada y suave pendiendo de una cadena en cuatro robustos árboles, su curiosidad lo lleva a acercarse a ellas, al poco tiempo se topa con la primera de las prisiones colgantes con extrañeza ve que esta vacía la puerta abierta y bajo la misma una tumba sin marca ni nombre, continua su marcha y se encuentra con la segunda jaula, en su interior un hombre con rostro triste y demacrado sentado mirando el horizonte, se acerca a él y le habla,
Puedo ayudaros en algo para así aliviar tu pesar?, (le dice tímidamente).
El prisionero de la jaula de madera lo mira respira hondo y le contesta:
Gracias pero nada puedes hacer por mí, me gustaría salir de esta celda en que me han encerrado, conocer la libertad, disfrutar la vida, ser feliz, pero no tengo fuerzas, por otro lado no es tan tremendo esto, me dan de comer, me dan agua y hasta han puesto unas ramas en el techo para protegerme de la lluvia, claro que preferiría hacer lo que me gusta, que me den lo que yo quiero y no lo que ellos quieran, pero como ya le dije buen hombre, no tengo fuerzas.
El caminante se quedo mirándolo sin entender como no hacia nada ya que la jaula era tan delgada y frágil que fácilmente podría salir, solo atinó a preguntarle.
La jaula junto a la suya esta vacía y hay una tumba bajo ella, ¿quién está en ella, qué paso?.
El prisionero de la segunda celda le contesta:
Eso fue antes de que a mí me encerraran, en esa época no ponían cerraduras en las prisiones solo eran atadas con una cuerda las puertas para sujetarlas, sé que se quedó sentado esperando que la cuerda se pudriera para poder escapar, y cuando esto sucedió era ya tan viejo que al salir cayó muerto, tiempo después lo sepultaron en ese mismo lugar ya que su condena no había terminado.
¿Sabe quien era, como se llamaba? (Pregunto el caminante).
Recuerdo que le decían Tiempo. (Respondió el cansado prisionero).
¿Y usted, cuál es su nombre?
Me llamo Quisiera ya no recuerdo mi apellido.
El caminante continuo su marcha, a los pocos pasos encontró las otras dos jaulas, en la primera de ellas estaba un hombre forcejeando con la puerta, como queriendo romperla, abrirla, se acercó y también le habló.
Buenas tardes, ¿puedo ayudaros en algo?
No, ya lo estoy haciendo yo, pronto saldré de esta mazmorra y comenzaré una nueva vida, ya estoy cansado de estar encerrado y no ser feliz.
El caminante asombrado ve que la puerta solo está sujeta con una soga al igual que las otras y que la madera es muy delgada y casi desecha por los años, trata de decirle al pobre hombre lo que ve, pero este no lo escucha por que solo se escucha a sí mismo cuando dice.
Pronto saldré, pero no tengo dinero cuando me valla, a donde iré, quién me ayudará, pero tampoco esto es vida, tengo que salir. (Repetía constantemente).
El caminante solo atinó a preguntarle su nombre y este respondió.
Me llaman Trataré pero no me distraigas de mi labor, tengo que intentar salir de aquí.-
Decidido a continuar su marcha el caminante nota que la cuarta celda estaba abierta y vacía, solo algunos desechos yacían en su interior, se dio vuelta y le pregunta al prisionero de la tercera jaula.
Disculpa que te moleste pero ¿Qué pasó en esa jaula, quien la habitaba, a dónde fue?
El prisionero molesto por la interrupción, pero convencido que solo contestando sería la única forma de continuar sus intentos, le dice:
El escapó hace mucho, una mañana rompió la puerta y se fue, me enteré que esta viviendo en un pueblo lejos de aquí, se casó, tiene una vida prospera y es feliz, le llamaban Hago o algo así, pero bueno ya vete y déjame en paz.
El caminante retomó su senda y con paso lento avanza, a los pocos metros se detiene, posa su vista en la distancia, y pregunta.
¿Y Tú como te llamas?-
Autor: Arturo A.D. Peluffo Chouhy